Ahora que se han puesto tan de moda las cámaras sin espejo full frame, yo me he comprado una Fuji APS-C, y les cuento porqué.
Llevaba tiempo con ganas de tener una cámara versátil que no me costase llevar encima, para situaciones espontáneas, callejear, viajar, etc pero que al mismo tiempo me ofreciese resultados de calidad.

Para un fotógrafo profesional, acostumbrado a producir resultados de calidad, se hace difícil invertir en nuevos equipos que no estén a la altura de lo que ya tiene.

Las full frame, descartadas.

Una Sony, por ejemplo, con una óptica fija luminosa, difiere muy poco en peso y volumen de una réflex, y de éstas ya tengo unas cuantas, así que no eran una opción.

En cuanto a reducción de peso y tamaño se refiere, a Olympus no hay quien le gane, pero para alguien acostumbrado al formato completo como yo, el sensor Micro cuatro tercios se hace de difícil digestión.

 

 

Finalmente me decanté por una Fujifilm X-E3 por varias razonas, algunas lógicas y otras por simple placer o nostalgia.

La primera réflex digital que tuve en las manos fue una Fujifilm, y he visto como la marca innovó, cayó y se reinventó.
En esa reinvención, me enamoraron con la estética retro. Como ven en la foto de arriba, la Fujifilm X-E3 se da un aire con la vieja Voigtländer Vitoret que una vez me regaló mi abuelo.
Dejando la nostalgia a un lado, es una cámara que tiene un buen visor, resolución de sobra y un tamaño contenidísimo.

Por otro lado, me apetecía mucho utilizar ópticas manuales de la década de los 60 tipo Súper-Takumar o Carl Zeiss, utilizando el Focus peaking, que tan bien explica aquí Guillermo Luijk.
Por último, trato las cámaras mirrorless en mis cursos de fotografía, y necesitaba una para poder mostrarla y que todo se entendiese mejor.

Estoy seguro de que esto solo es el comienzo y que no tardaré mucho en ir abandonando el sistema réflex, en sustitución de cámaras sin espejo.

 

 

 

 

 

 

 

 

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